Construyendo al Líder Ideal

El liderazgo es una capacidad, una competencia, y un proceso. El liderazgo no es carisma, aunque por mucho tiempo – y aún en la actualidad – se ha atribuido el calificativo de “líder” a ciertas personas por su simple capacidad de atraer grandes grupos, por el simple hecho de ser capaces de alinear multitudes, de manera a veces fanática, para la defensa o promoción de una causa. El verdadero líder es un artífice del desarrollo, el verdadero líder consigue que su personal crezca, integralmente, para que ponga en práctica sus aprendizajes y consiga así un alto desempeño. El verdadero líder sabe observar, sabe cuándo y cómo intervenir… y sabe quitarse de en medio.

El verdadero liderazgo implica un profundo acto de consciencia. Un acto de profunda auto-responsabilidad.

Implica tomar las riendas de la propia vida y de los infinitos recursos que se nos han dado, para aplicarlos, utilizarlos, cultivarlos, multiplicarlos, cuidarlos y desarrollarlos continuamente… desarrollarlos continuamente para la propia evolución, para el propio crecimiento integral. Implica profundizar en la propia esencia, hurgar en los intrincados vericuetos de nuestras propias creencias y valores, para liberarnos de las ataduras limitantes y realizar así las infinitas posibilidades del ser, mediante un dedicado y metódico hacer. Implica crear una visión de un destino y un futuro deseado para la propia vida, actuar impecablemente en consecuencia, y medir y celebrar nuestros propios avances.

Implica, en fin, asumir el auto-liderazgo de nuestra existencia. Los grandes y verdaderos líderes de la humanidad han sabido crearse desde dentro, muchas veces han tenido que reinventarse, han conseguido volver a nacer. Se han atrevido a creer en sí mismos y en algo superior a su propio destino y, con un fuerte ejercicio de la propia voluntad, han construido su propia realidad y un nuevo mundo de nuevas opciones para quienes les rodean.

Sólo así, cuando somos líderes de nosotros mismos, podemos ser capaces de ser líderes de los demás… Porque sólo cuando somos inmensos dentro, podemos expandirnos fuera. En el fondo, nadie puede dar lo que no tiene.

Un líder puede prepararse y construirse, por medio de la adquisición de conocimientos y mediante la aplicación práctica de sus aprendizajes, hasta convertirlos en destrezas para ello, debe aprender y comprender que el líder ideal ejerce su liderazgo por medio de una mezcla de comportamientos de índole estructurado o directivo, y de conductas de relación. En el lado estructurado o directivo, tenemos conductas y métodos tales como:

 

  • Establecer objetivos y metas
  • Definir el trabajo y sus criterios de éxito
  • Establecer indicadores y métricas
  • Dar instrucciones
  • Entrenar
  • Medir el desempeño
  • Dar seguimiento

En cuanto a las conductas de relación, el líder debe ser altamente competente en aspectos tales como:

 

  • Motivar
  • Comunicar
  • Cuestionar
  • Explicar
  • Contextualizar
  • Alentar
  • Reencuadrar
  • Promover
  • Acompañar

El éxito del líder radica en utilizar una justa y adecuada combinación de ambas, de forma balanceada, según las necesidades de cada uno de los individuos que conforman su equipo. El líder ideal, el líder verdadero, utiliza la justa mezcla de razonamiento y corazón, de pensamiento y sentimiento, de direccionamiento y de supervisión, de enseñanza y de inspiración, de innovación y de control.

Para ello, el líder necesita una fuerte disciplina para mantenerse en continua observación, atenta observación. El líder jamás descansa, es líder 24 horas al día, 7 días a la semana. Es un verdadero trabajo de tiempo completo. Y todo el tiempo debe estar en observación activa, mirando, analizando, uniendo puntos, diagnosticando el comportamiento y el desempeño de su personal, comprendiendo, supervisando, apoyando, guiando… desarrollando.

El verdadero líder se hace, no nace.

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