EL V.E.C.T.O.R. DEL ÉXITO EN LA EMPRESA: #5 = ORGANIZACIÓN

En la ruta de nuestro VECTOR del Éxito, toca el turno ahora a la Organización, esa elusiva aliada de la efectividad y la eficiencia, que se manifiesta discretamente tras los más intrincados patrones de interconexión entre planes, estructuras, procesos, normativas, buenas prácticas, indicadores y controles. La Organización es el cristal mágico que amplifica y expande a su máximo potencial la energía que invertimos a través de nuestras acciones.

La organización es un medio, una herramienta, nunca un fin en sí misma. Pero es un elemento fundamental para transformar los fines en realidades de éxito.

Para conseguir con éxito el logro de tu visión a través de tus estrategias, necesitas de una definición clara de tus procesos y de la efectiva conformación de una estructura práctica y productiva. Necesitas instaurar sistemas de trabajo que fundan e integren, de forma indivisible e insoluble, a las personas, los procesos y las tecnologías. Es preciso establecer normas, lineamientos de buenas prácticas, y controles fundamentados sobre métricas objetivas e indicadores prácticos. Se requiere de la puesta funcionamiento de mecanismos de decisión que descansen sobre sólidas bases metodológicas. Al mismo tiempo, el sistema organizacional debe conslidarse con la instauración – incluso como parte de la propia cultura – de los adecuados mecanismos de revisión, retroalimentación y mejora continua.

La organización provee el sistema de trabajo estructurado y flexible que facilita la ejecución de las acciones planificadas, y las canaliza hacia el destino planteado desde la visión misma. La organización eficaz es la garantía para que la transformación nunca se convierta en un cambiar por cambiar, en una improvisación caótica, en una falsa flexibilidad y en una excusa perfecta para modificar el rumbo sin criterio alguno. La Organización es la vacuna contra el síndrome de la excepción como norma; es la mejor prevención contra el azote de la falta de estandarización que conlleva hacer de cada acto simple una excepción heroica que consume sin piedad los más preciados recursos. Es el vehículo para que los procesos y tareas del día a día se puedan ejecutar de forma impecable, sin necesidad de intervención por parte de los líderes y directivos.

Sobre la base del compromiso hacia una visión compartida, la organización es el catalizador convierte un pequeño batallón en un ejército invencible. Es la llave que libera al líder de las minucias de tareas irrelevantes, de forma que pueda dedicar su tiempo y energía a lo que verdaderamente importa, a construir el futuro de la empresa, a desarrollar a su gente, a establecer un direccionamiento claro y a conducir a la tropa hacia la victoria en cada batalla. Sin una organización efectiva, un líder se encuentra abandonado a su merced en el fragor del combate; sin una organización efectiva, el líder es convierte en víctima del cambio imprevisto en la dirección del viento, y se limita a ser un simple soldado reactivo, que dispara indiscriminadamente en todas las direcciones, con la esperanza de – por pura suerte – quizás dar en el blanco y salir con vida de esta batalla.

Las debilidades de organización son la semilla de la falta de institucionalidad. La falta de organización es caldo de cultivo para el surgimiento de mecanismos informales compensatorios, que, por lo general, culminan en la personificación de las tareas y en la necesidad de involucrar a individuos específicos en decisiones y acciones específicas, en virtud de su persona, en virtud de quiénes son, y no en virtud de la responsabilidad que viene dada por las funciones inherentes a un puesto o a un rol dentro de un proceso. Las debilidades de organización son la simiente de las debilidades de control y éstas, a su vez, causa segura de pérdidas, errores, deficiencias de servicio, indisciplina y caos.

En consecuencia, la organización efectiva es la génesis de la eficiencia y la efectividad, como precursores de la productividad, la rentabilidad y el desarrollo. Es la plataforma que provee solidez y sostenibilidad al emprendimiento, a la idea, a la acción, para que el círculo virtuoso de la creación de valor se mantenga vivo, como llama sempiterna de la competitividad.

 

Carlos J. Yunén 2014; Todos los Derechos Reservados.

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