UN NUEVO LIDERAZGO PARA UN NUEVO MUNDO

Un nuevo mundo, un nuevo orden social y empresarial ha venido instaurándose en los últimos años. En el pasado – en la época en la que el grande se comía al pequeño –, las empresas (y sus líderes) fundamentaban su competitividad en el poder económico y tecnológico: grandes corporaciones, sólidas, estables, con planes de empleo asegurado, formalidad extrema, estructura rígida y procesos y procedimientos estandarizados sobre la base del control y el cumplimiento. Era la época de las Empresas Mecanísticas; era un mundo mecanístico, un mundo lineal, predecible, controlable, fundamentado sobre el análisis y la capacidad de extrapolar el devenir de las cosas a partir de la información que tuviéramos acerca del pasado. Sí, el futuro era una simple extensión del pasado, en un mundo tan predecible y estable como el pase de un balón de baloncesto de mano en mano, a través de un grupo de personas colocadas una al lado de la otra.

En ese mundo – correspondiente a la prehistoria empresarial y coexistente con la predominancia de los paradigmas mecánicos de la física –, eran el tamaño, la estabilidad y el poder económico los factores que marcaban la gran diferencia en cuanto a la competitividad y la sostenibilidad de un negocio, de una sociedad, de un país. Era la época de las grandes potencias y de la polarización de fuerzas políticas y militares en el mundo.

Ese mundo cambió, se desvaneció, dejó de existir. El nuevo paradigma electrónico dio al traste con ese dinosáurico pasado. En su lugar, un mundo más rápido, más dinámico, más abierto, surgió casi de repente, inesperadamente.

Como por coincidencia – en diferentes disciplinas y en los distintos ámbitos de la ciencia, las artes y las sociedades – se presentaron nuevas formas de ver el mundo y la vida. El mundo se abrió a la simultaneidad, a los procesos concurrentes, a las redes de empresas trabajando en sociedad y en sincronía; el mundo se orientó, sorpresivamente, hacia revoluciones inesperadas en prácticamente todos los campos de la actividad humana. Nació el interés por nuevas formas de medicina, como la medicina alternativa y el resurgimiento de la medicina oriental en occidente. Es la época del surgimiento de nuevas corrientes en campos próximos a la psicología, fundamentados en nuevos modelos funcionales de la mente; nace, entre otras, la neurociencia y las corrientes que de ella han derivado y la han enriquecido.

En esta realidad, la fuerza de las naciones desarrolladas se iguala cada vez más, y se fundamenta sobre factores de desarrollo y comercio, de competitividad de las naciones. La estrategia de los negocios se fundamenta ya no tanto en adivinar y predecir el futuro, sino en la creación de ventajas competitivas sobre la base de los análisis sectoriales y el desarrollo de competencias internas. Los procesos empresariales se convirtieron en procesos electrónicos, virtuales, y dieron paso a un mundo de servicios y de intangibles, en el cual las competencias dominantes y determinantes del éxito empresarial son la velocidad, la mejora continua, y la capacidad de integración. Muchas organizaciones no pudieron adaptarse y, obviamente, perecieron sin remedio.

Sin darnos cuenta, hemos entrado en una dimensión desconocida, más bien identificada y asociada con el paradigma cuántico. Una dimensión de saltos que cambian radicalmente la realidad en fracciones de segundo. Una dimensión en la que todo parece estar conectado y donde se verifican interrelaciones causales sistémicas entre ámbitos y aspectos aparentemente desconectados entre sí.

Es el mundo de lo instantáneo, de la simultaneidad espontánea, de la creación continua y de la innovación permanente. Es un mundo donde el paradigma de la estrategia empresarial cambia hacia la estrategia provocativa, creativa, innovadora, que busca sencillamente producir el mundo y la realidad deseada. Es un mundo de continua discontinuidad, de sorpresa permanente, de medicina cuántica, de curación a distancia, de la psicología de la intención y el propósito… un mundo en continuo caos, como precursor de nuevos órdenes. Y así, surge un nuevo orden social, un nuevo orden político, donde las naciones ya son redes y donde las fronteras desaparecen de forma real y virtual… es la época de un nuevo orden empresarial.

El nuevo orden empresarial se focaliza sobre el hecho de que hoy el rápido se come al lento. Quien llega al mercado primero gana la carrera; aún más, se trata de un orden creativo y creador: quien llega al mercado más rápido con el producto o servicio más innovador y distinto, gana la carrera. Es un orden transformado y transformador, un orden orientado al desarrollo de ideas y a ruptura de patrones; un orden orientado a la aplicación del conocimiento; un orden de conexión con el mercado y los clientes; un orden demandante, exigente… implacable.

Este nuevo orden exige una nueva forma de liderazgo. En tanto un orden fundamentado en rapidez, ideas, conocimiento y conexión, es obvio que su fundamento de éxito es, ante todo, la persona, el empleado, el individuo, a todos los niveles de una organización o institución cualquiera. En este escenario, surge la necesidad de una nueva forma de administrar el personal y su trabajo, una nueva forma de dirigir, de comunicara, de motivar; una nueva forma de conseguir los resultados a través de la gente. Una nueva forma de liderazgo, armonizada con las nuevas exigencias de este nuevo orden.

El líder de hoy es un líder distinto, especial. Un líder de acción y relación. Un líder que es – simultáneamente y según se requiera – guionista, director y actor. Un líder proactivo y flexible, con una fuerte formación generalista, capaz de integrar un equipo formado por especialistas. Un líder que desafía el status-quo y se responsabiliza de crear las nuevas realidades, trillando el camino con el ejemplo.

¿Eres tú ese nuevo líder para esta nueva realidad?

 

Carlos J. Yunén 2014; Todos los Derechos Reservados.
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